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Los museos, refugio climático

El verano en Barcelona tiene muchas caras. Están las tardes al fresco, las plazas llenas, los festivales y una agenda cultural que nunca se detiene. Pero también existe una realidad cada vez más presente: las olas de calor son más frecuentes y más largas, y obligan a las ciudades a adaptarse para seguir siendo espacios habitables. En este contexto nace la Red Metropolitana de Refugios Climáticos, una iniciativa que identifica equipamientos y espacios públicos donde la ciudadanía puede protegerse del calor durante los episodios de temperaturas extremas. Bibliotecas, centros cívicos, mercados, parques… y también museos forman parte de esta red.

Este planteamiento refleja una nueva manera de entender la ciudad: los equipamientos públicos no solo prestan un servicio, sino que también contribuyen a la salud y a la capacidad de adaptación frente a los efectos del cambio climático. No son espacios creados específicamente para esta función, ya que continúan desarrollando su actividad habitual, pero se convierten también en un servicio esencial para garantizar el bienestar de la población, especialmente de las personas más vulnerables.

En este sentido, los museos desempeñan un papel especialmente interesante. Tradicionalmente asociados a la conservación del patrimonio y a la difusión del conocimiento, hoy son también espacios abiertos, accesibles y acogedores. Lugares donde es posible hacer una pausa, observar sin prisas, leer, conversar o simplemente descansar. Espacios que ofrecen confort físico, pero también una oportunidad para reconectar con la cultura.

Seis museos, seis maneras de acoger

Esta idea se materializa de distintas formas en los museos Articket.

En el MACBA, por ejemplo, el Espacio de Lectura y Familiar es mucho más que un refugio climático. Es un espacio gratuito y abierto a todo el mundo que el museo define como un lugar «para estar». Un lugar donde leer, crear, jugar, conversar o compartir tiempo en familia. La iniciativa forma parte de Planeta MACBA, el programa que integra la sostenibilidad en la gestión del museo, con actuaciones que incluyen la reducción de la huella de carbono, la mejora de la eficiencia energética y el desarrollo de proyectos comunitarios.

En el CCCB, el refugio climático se extiende por el Pati de les Dones -con la instalación L’Ombra, los espacios climatizados, las zonas de lectura y juego, las fuentes de agua y una programación gratuita de actividades que convierten el centro en un lugar de encuentro para el barrio durante los meses de verano. Una iniciativa reconocida con el Premio Agenda 2030 Barcelona + Sostenible al mejor refugio climático situado en un edificio.

En el Museu Picasso, sus palacios medievales, articulados en torno a varios patios interiores, ofrecen un ambiente fresco y sereno que invita a descubrir la obra de Picasso y las exposiciones temporales lejos del ritmo y del calor de la calle.

Tres ejemplos que ilustran una nueva manera de entender el papel de los museos como parte activa del bienestar colectivo, y que también se respira en la Fundació Joan Miró, el Museu Nacional d’Art de Catalunya y el Museu Tàpies.

La sostenibilidad también es cuidar de las personas

Esta es, probablemente, una de las grandes transformaciones de los museos del siglo XXI. La sostenibilidad ya no se entiende únicamente desde la gestión responsable de los recursos o la reducción del impacto ambiental -aunque estas siguen siendo líneas de trabajo fundamentales-, sino también desde la capacidad de generar un impacto social positivo.

Abrir las puertas a la ciudadanía, crear espacios accesibles y acogedores, reforzar el vínculo con la comunidad o formar parte de la Red de Refugios Climáticos son distintas maneras de ejercer una misma responsabilidad: contribuir a construir ciudades más habitables.

Cuando apriete el calor, recuerda que hay refugios que ofrecen mucho más que una temperatura agradable. ¡Este verano, refúgiate en el arte!

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